Ayer sentía un tremendo vacío [Por eso ya no escribí].
Esta habitación es demasiado grande para mi solo, necesito de alguien quien me acompañe por las noches y me cuente sus historias llenas de imaginación. Ayer, mientras limpiaba y pulía el piso pensaba precisamente en esto que ahora te cuento; porque te diré que estar y sentirse solo es deprimente. Demasiado deprimente diría un amigo al que todavía no tengo el gusto de conocerle; tan es así que decidí ya no seguir haciéndome el tonto con el gran invento del siglo ¿Qué siglo?, bueno no lo sé, pero me refiero al trapeador.
A fin de cuentas el dulce aroma que queda en toda la habitación después de haber terminado se va en un abrir y cerrar de ojos y de nuevo vuelve la fétida peste a podrido.
Ya no pensar en mi, ese fue el propósito del día de hoy. Ya no pensar, para olvidarme que existo.
