Estaba tan acostumbrado
a hacer el amor contigo
por la noches
que olvidé
que existía
una luna.

Estaba tan acostumbrado
a tenerte
cada mañana
rodeada entre mis brazos,
que creí
que ya eras parte de mí.

Estaba tan confiado
tan sereno
tan apacible
que olvidé que necesitabas
dos palabras para que no sintieras
esa soledad
que yo mismo creaba.

Olvidé
que tenía boca
para besarte.

Quise creer
que no era nada
que nada era nada
que tu
y yo
viviamos
en planetas distintos
tú en el de rosas
yo en el de espinas.

Hoy recordé todo
tengo
manos
pies
boca
uñas
piel…
corazón
y hoy
yo
te
regalo
todo.