Ahora que tengo el ánimo encaramado arriba de mis hombros sujetándose bien de mi pelo para que no flaquee he de decir que no me siento mal. No, esa peste que a menudo me aqueja y que me da patadas en el tobillo para que me muera de dolor se ha ido [ó tal vez sólo se largó a comprar en la farmacia de la esquina más pastillas no para desaparecer la depresión, sino para aumentarla].
Ahora que no está, te quiero confesar algo lector ¿Estás solo? ¿Existe una particula de vida a lado tuyo? ¿Quién juzga?… Ya lo quiero de regreso, me hace falta.
